Al poner en venta una casa, grande o pequeña, uno de los aspectos que más atraen la atención de los potenciales compradores es el quincho.

Aquí te explicamos algunos trucos para que esa parte de la propiedad se convierta en un verdadero imán. También, para que eso acelere la venta del inmueble.

El poder del quincho

No importa si el quincho es grande o chico, abierto o cerrado, rústico o moderno.

Ese sector de la casa es uno de los grandes íconos que atrapan y seducen a los visitantes.

El quincho está vinculado con lo social, los afectos, la distensión, la comida en familia y con amigos.

También es algo práctico porque evita desordenar el living y mantener la casa de un modo impecable.

Además, suele tener una amplia capacidad de modo que todos los invitados se encuentran cómodos.

Por último, por una cuestión ancestral, el quincho es la versión moderna del espacio donde las primeras personas que habitaron este planeta se reunían para comer, conversar, intercambiar ideas y vivencias.

Así mismo, vale la pena recordar que el ser humano más que un ser racional o emocional, es un ser vincular. Crece y se desarrolla a través de los vínculos.

Adecuadamente preparado

Entonces, si el quincho tiene un peso práctico y simbólico tan alto, es preciso prepararlo adecuadamente para quienes visiten la casa como potenciales compradores.

Para acondicionarlo hay que tener en cuenta las reglas del home staging, o puesta en escena de la propiedad.

La primera premisa es el orden.

Es preciso poner cada cosa en su lugar tanto en espacios visibles como en los de guardado que posea el quincho.

Por ejemplo, la leña queda muy bien colocarla apilada y la vista. Da idea de calidez, de hogar, de refugio.

Todos los elementos que se usan para hacer el asado también deben mantener un cierto orden.

Además, si la visita ocurre un sábado y se dejó sobre una mesada la carne a descongelar que se usará en la comida del mediodía, tampoco es adecuado que quede allí. Se la debe poner en otro lugar, al menos mientras dure la visita.

La idea del orden es aplicable, a la vez, a una biblioteca que pudiera haber en el quincho, o a un armario con elementos gauchescos.

El segundo punto es la limpieza. Cada objeto debe estar impecable.

Es lógico que una parrilla no brillará porque su uso continuo no lo permite, pero sí se la puede dejar libre de grasa y sin restos de carbón en su parte inferior.

Del mismo modo, los estantes, las sillas y demás también necesitan destacarse por su pulcritud.

El tercer punto es desprenderse de elementos deteriorados o estropeados.

A veces no se tira una pala para el carbón porque, rota y todo, sigue sirviendo. Sin embargo, eso no genera una buena impresión en las siempre exigentes y muy observadores personas que se acercan a la propiedad con el fin de adquirirla.

Todo lo que esté roto debe ser desechado o llevado a un punto de reciclado. Es importante animarse a soltar esos objetos.

La cuarta pauta tiene que ver con los sentidos.

¿Hay en el quincho algún olor persistente? Se lo puede eliminar con un sahumerio, un difusor o cualquier otro método no invasivo.

¿Y la luminosidad? ¿Las ventanas del quincho está tapadas por una cortina densa que no permite el ingreso de los rayos de sol, o hay un exceso de macetas que produce el mismo efecto?

Algo más: ¿hay demasiados adornos colgantes, como atrapasueños y carillones? Reducir su número es una buena medida.

Además, es preciso despersonalizar el quincho.

Los adornos vinculados con el fútbol, la política y las creencias religiosas pueden causar una impresión negativa.

La quinta pauta es crear una pequeña historia. ¿Cómo se hace eso?

Por ejemplo, si el quincho posee una mesa grande, hay que prepararla como si en poco tiempo fueran a comer numerosas personas.

Es preciso colocar un mantel, la vajilla y unas flores, de modo tal que el visitante se imagine a sí mismo como el futuro anfitrión de una reunión de amigos o familiares.

No es lo mismo que vea la mesa vacía, por más que luzca muy limpia.

Otra opción es crear un rincón de lectura.

Si se cuenta con una lámpara de pie y un pequeño sillón, se colocarán cerca y se sumará una mesita sobre la que se habrá ubicado una de caja con bombones y un libro abierto. Tal como si ahí hubiera una persona disfrutando de un momento de tranquilidad.

Tiempo y ganas

Como puede verse, no se trata de gastar dinero en nuevos muebles y otros elementos, sino que todo se limita al orden, la claridad, las historias.

Algo que está al alcance de mucha gente. Lo único que se requiere es tiempo y ganas de hacer algunos cambios que, también, van a disfrutar la dueña o el propietario actual de la casa. De manera que con esos cambios son muchos los que salen ganando.

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