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Cambiar de casa o de departamento es una situación que tiene muchos costados positivos. Aquí te contamos 6 de ellos.

Disfrutar cada hora

El primer aspecto positivo está directamente relacionado con la razón de la mudanza. Quien cambia de departamento o de casa lo hace para contar con más –o quizás menos– metros cuadrados, con una habitación extra para los huéspedes, con un pequeño taller para carpintería o pintura, con un jardín, con un gran balcón o con un balcón terraza. También, para gastar menos en expensas o en impuestos, o para perder menos horas viajando hacia y desde el lugar de trabajo. O, ¿por qué no?, para alejarse de vecinos tóxicos, o de un barrio demasiado ruidoso, o de una fábrica que produce olores desagradables o humo. En resumen: para disfrutar mejor cada hora.

El segundo aspecto positivo es que se produce una renovación interior. Llegar a un nuevo inmueble implica un cambio de aire.

Es, sin dudas, un potenciador de la ganas de hacer: una carrera o un curso, amigos, recetas, proyectos postergados por la rutina feroz.

Se trata de etapa inédita, sumamente necesaria cualquiera sea la edad del propietario. Es, en síntesis, un nuevo comienzo. Un capítulo a estrenar. Una hoja en blanco en el libro  de la vida.

El arte de ordenar las prioridades

La tercera ventaja de mudarse es que representa una oportunidad para decidirse a ordenar.

Mudarse es animarse a eliminar objetos que se han guardado y olvidado. Es la ocasión óptima para venderlos, regalarlos y quedar muy bien con conocidos y familiares, o donarlos a una institución que podrá obtener fondos a partir de ellos.

Ordenar es, también, tomar el control sobre las cosas, y centrarse en lo más importante: uno mismo y los seres cercanos.

Como explica en su libro “El poder del orden”, la especialista María Gallay: “Da igual que se trate de un armario o de toda una casa, las cosas están ahí por nosotros y nosotros deberíamos determinar qué relación establecemos con ellas. Las cosas solo son cosas, nosotros tendríamos que ser la prioridad”.

¿La cuarta ventaja de mudarse? Tiene que ver con vivir con mayor liviandad. Y lógicamente, está muy relacionada con el orden.

Vivir con más liviandad es despojarse de cosas como los anteojos gigantes de plástico que nos dieron en el momento del carnaval carioca en un casamiento, por ejemplo. O esa colección de novelas históricas que finalmente nunca se leyeron. O esa raqueta de tenis que no se usa desde hace 12 años. El vivir liviano tiene relación con el popular “soltar”. Soltar aquello que no es imprescindible para vivir.

La quinta ventaja es la de hacer un cambio visual y funcional. Lo visual tiene que ver con los objetos que se van a conservar. Por ejemplo: aquel cuadro que siempre estuvo en el pasillo, ¿podría ponerse en un cuarto de baño?

Otro caso ilustrativo: quizás el televisor no deba ir colgado en aquel soporte en el dormitorio sino que podría pasar al nuevo family room. ¿Y esas cortinas que resultan tan aburridas? Se las podría teñir de un color vibrante y hacer que parezcan otras.

La sexta y última ventaja de mudarse es la de generar nuevos hábitos. En una casa o un departamento nuevo, quizás los propietarios se decidan a llevar adelante una alimentación más saludable o a jugar al tenis porque hay un club a solo dos cuadras.

También puede ser un poderoso motivo para ayudar a los chicos a construir una casa de madera en un árbol del jardín, o participar en sus juegos al aire libre ahora que el espacio lo permite.

Una meta superior

Seguramente alguien dirá que una mudanza también implica un gran trabajo: el de embalar todo en cajas y canastos, y luego desembalar.

Sin dudas que esto es así. Pero sucede como con los viajes. Aunque demande mucha energía hacer las valijas, arrastrarlas por el aeropuerto, esperar la salida de avión y soportar largas colas en la aduana y en migraciones, hay al final de ello un objetivo que deja atrás esos pequeños inconvenientes. Y ese objetivo es una meta superior: la de vivir una vida más plena. Más llena de instantes positivos que son el combustible vital necesario para enfrentar los otros.

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