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La densidad poblacional de una zona es igual al número de habitantes de esa misma  zona, dividido por la superficie de ella.

Un ejemplo: General Pacheco, una de las localidades que conforman el Partido de Tigre, tiene una superficie total de unos 12 km2, y alberga a cerca de 53.600 personas. Allí, la densidad poblacional es de unos 4400 habitantes por km2.

Otro ejemplo: el barrio de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires, tiene unos 226.000 habitantes en una superficie de 15 km2. Ello implica una densidad poblacional de unos 14.400 habitantes por km2 aproximadamente.

¿Estás por mudarte? ¿Tomás en cuenta la densidad?

¿Estás por mudarte? ¿Alguna vez pensaste en cuál es la densidad poblacional del lugar donde ahora vivís, y la de aquel en el que pensás instalar tu nuevo hogar? Aquí te contamos algunas de las ventajas de habitar en una zona con una baja densidad.

1. Más espacio y mayor privacidad

En un área con baja densidad, generalmente hay más espacio, más metros cuadrados y también más privacidad. Existen propiedades con mayor metraje y los vecinos no están tan cerca.

2. Menos congestión de tránsito

Si hay menos casas, lógicamente habrá menos autos. Por eso, en una zona con baja densidad poblacional el tránsito es menor, los desplazamientos son más rápidos y quien maneja sufre menos estrés.

3. Más aire puro

Al haber menos autos y menor combustión de combustibles fósiles –es decir, nafta-, el aire es más transparente, respirable, diáfano.

4. Más áreas verdes y azules

Las zonas con pocos residentes suelen tener un entorno verde que es bueno para la salud, para las caminas, para el running y para la práctica de otros deportes. También para admirar la naturaleza, los árboles, las flores, los pájaros. Lo mismo sucede con las zonas azules: los ríos y las lagunas.

5. Más unión con los vecinos

En general, en las comunidades con baja densidad los vínculos con los vecinos son profundos, duraderos y sólidos.

El contacto social, que es uno de los elementos centrales para la salud mental, se da allí con el máximo esplendor.

6. Menor costo de vida

A veces, vivir en una zona poco poblada puede resultar más económico ya que existen menos opciones de lugares donde gastar en comparación con las grandes urbes.

7. Menor exposición de los chicos a los riesgos urbanos

La exposición al delito y a los peligros del tránsito que afectan a los chicos, son menores en una zona poco habitada.

Ese es el motivo por el que muchas familias con niños pequeños se mudan a ese tipo de localidad o de barrio.

8. Más tranquilidad

El ritmo de vida es más lento en un área con escasos habitantes. Y ver un amanecer o una puesta de sol no resulta algo excepcional, sino algo cotidiano. También se disfruta con mayor intensidad el verano e incluso la lluvia.

Al movimiento de la vida lenta, el vivir lento o slow living –que se inició en los años 80 del siglo pasado- es más sencillo adherirse si se vive en un lugar alejado de las megaciudades.

Ese movimiento plantea que la vida debería basarse en prestar atención plena a cada momento del presente, y enfocando los cinco sentidos en lo que se está haciendo y viendo en ese preciso instante. Así es posible disfrutar más minuto a minuto.

El lugar perfecto para cada uno

Es cierto: el lugar perfecto para vivir no existe. Pero sí existe el lugar perfecto para cada uno. Hay quien ama los espacios amplios, y hay quien prefiere tener quizás menos espacio pero en un entorno con muchas personas.

Se trata, en todo caso, de ser uno mismo y elegir la opción que más íntimamente se vincula con lo profundo, con la esencia misma del ser.

El filósofo, matemático y escritor británico Bertrand Russell –que vivió entre 1872 y 1970– escribió: “Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar”.

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